CHARLES BLAKE

Para soñadores que como yo, plasman sus pensamientos sobre un papel en blanco.

martes, 28 de mayo de 2013

EL REINO INVISIBLE



Las hilanderas del destino, las damas blancas, negras o verdes, las buenas madrinas,  las musas…muchos nombres para uno de los seres que más han atraído a la humanidad.
Hace ya muchos años que caí atrapado en las redes del pueblo de las Colinas o el pequeño pueblo de la Paz como algunos llamaron desde ya lejanas épocas. La edad me hizo crecer con sus historias, libros y películas.  Ese mismo reloj biológico, provocó que durante un tiempo no muy extenso, lo dejara en el viejo baúl de los recuerdos para volver a retomar sus leyendas cada cierto tiempo, como impulsado por un extraña llamada interior que se escuchaba desde lo más profundo de mi ser. Imagino que a muchos les habrá ocurrido algo parecido… y otros tantos que ni tan siquiera hayan reparado en la magia de un mundo que les fue dado a conocer desde su más tierna infancia y que en consecuencia, fuera desterrado de sus vidas casi en un descuido, de forma irremediable.
Ya en la antigüedad se hablaba de la no conveniencia de citar sus verdaderos nombres, prohibición que no hacía más que contentar los deseos de un pueblo invisible que les repugna dejarse describir o clasificar. Seres al mismo tiempo benévolos o terribles que desde su origen pueblan el reino del arte, de la poesía, el sueño, la inspiración y ¿por qué no? La fantasía que todos llevamos dentro. 
 Hadas, duendes, brujas, … que son reflejo de nuestros anhelos y esperanzas pero también de nuestros miedos; y que habitan ante todo en el corazón del niño que nunca debiéramos dejar de ser.
Las hadas aparecen en las crónicas locales de la historia, en los relatos del folclore, en la mitología del mundo  y en esos cuentos maravillosos que nos son legados por nuestros antepasados.
Sin ánimo de extenderme en demasía, intentaré definir ¿Qué son las hadas?. Os sorprendería saber la multitud de reseñas que aparecen sobre ellas desde el comienzo de los tiempos. De forma generalizada diré que son seres mágicos que habitan en lugares ajenos al ojo humano y por tanto, cuestionadas desde su mismo origen. Podríamos diferenciarlas tanto por su apariencia como por su origen. Algunas son de aspecto humano y de incomparable belleza, de radiante juventud y dotadas de poderes ocultos o sobrenaturales. Otras, en cambio, son de estatura mínima, de cuerpo translúcido y dotadas según nos narran, de pequeñas alas de mariposa o libélula. Su piel es de colores tenues, y su apariencia se confunde en numerosas ocasiones con las plantas y flores de las que se consideran guardianas. En la Edad Media mencionaban que estaban dotadas de una seducción de la que ningún mortal podía resistirse y solían ser descritas como princesas de bellos ropajes y virtudes inimaginables.

Existen hadas de los bosques, de los jardines, de las fuentes, de los lagos, de las montañas y de todo lo relacionado con la propia naturaleza de la que se sienten parte común. Es quizá esta última versión la que más peso ha tenido a lo largo de los siglos de historia en cada una de las culturas del planeta (germánicas, nórdicas, anglosajonas e incluso hispanas) y una de las versiones con la que más me identifico. Una divinidad de la naturaleza, asociada especialmente a los árboles y protectora de su belleza. 
El mundo de las hadas, tal y como decía Brasey, ofrece a quien quiere abordarlo, una vía en la que hay que saber perderse antes de encontrarse. No conocen el libre albedrío del hombre, ni los conceptos del bien y el mal. No son ni buenas ni malas, sino más bien ambas cosas pero sin tan siquiera tener conciencia de las consecuencias benéficas o desastrosas de sus actos. Se mueven por capricho o por impulsos. De hecho tienden a ridiculizar todo lo humano por verlos carentes de sentido natural. Son presencias invisibles que residen en las flores, en los árboles, en el viento, en la primavera y en las colinas a la luz de una luna oscura. Hubo un tiempo en que el hombre temía a la naturaleza, templo de insondables interrogantes. Sencillamente honraba sus designios y no se había convertido aún en un ser altivo y ambicioso capaz de destruir un valle o una montaña para crear una autovía. No se creía en el dueño absoluto de la creación y sabía respetar a esos guardianes de la naturaleza que recibían el nombre de hadas, ninfas, elfos o silfos. Más tarde,  la cristiandad y otras creencias, tejieron un grueso velo de santidad a todos aquellos lugares sagrados que rememoraban mil historias y leyendas.


Cada vez que un niño dice: “No creo en las hadas” hay una, en alguna parte, que muere” Peter Pan

DEDICADO CON CARIÑO A MI BUENA AMIGA  ARWEN, PORQUE SUS OJOS VEN LO QUE LO QUE VEN LOS MÍOS.



CHARLES BLAKE

4 comentarios:

  1. Ays yo creo en las hadas, en los duendes, en todos aquellos que nos llevan al país de nunca jamas al mundo de los sueños...

    Un placer siempre venir a leerte

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  2. Bella dedicatoria a tu amiga seguro que cuando lo lea la encantará.

    Un beso.

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