CHARLES BLAKE

Para soñadores que como yo, plasman sus pensamientos sobre un papel en blanco.

martes, 30 de abril de 2013

EL QUE TIENE BOCA....

Hoy quiero presentaros a Henry Porter, nacido en 1953; escritor y periodista inglés. Es columnista habitual en The Observer  y sus artículos versan en su mayoría sobre la libertad y los derechos civiles. En febrero de 2009 fundó junto a otros miembros la Convención para la Libertad Modern . Es además editor británico de la publicación Vanity Fair. 



 Este prestigioso periodista británico reveló en mayo de 1986 que había incluido en uno de sus artículos semanales del Sunday Times, cinco errores gramaticales deliberados, ofreciéndose a enviarle una botella de champán al lector que identificara estos cinco de manera correcta. Recibió muchísimas cartas, y a la semana siguiente Porter anunció que los lectores no habían sido capaces de encontrar estos cinco fallos… pero que habían encontrado otros veintitrés de los que no había sido consciente.

¡Ver para creer!

Charles Blake

lunes, 29 de abril de 2013

A CADA UNO SU RESPUESTA

A CADA UNO SU RESPUESTA

Un joven discípulo solicitó al Maestro iluminando el asistir en silencio a las entrevistas que éste concedía a aquellas personas que iban en busca de su consejo y sabiduría.
La primera visita fue la de un hombre que preguntó:
- Maestro, ¿Dios existe?
- Sí – fue la lacónica respuesta.
En la segunda visita una mujer también preguntó:
-Señor, ¿Dios existe?
- No – fue en esta oportunidad la contestación.
En una tercera visita un joven interrogó:
- Iluminado, ¿Dios existe?
En esta ocasión, el Maestro guardó silencio, y el joven se marchó sin una respuesta a la pregunta formulada.
El discípulo, desconcertado por la extraña conducta del Maestro, no pudo por menos que preguntarle:
- Señor, ¿cómo puede ser que a tres preguntas iguales hayas respondido de modo diferente cada vez?
- Lo primero que has de saber – contestó el Maestro – es que cada contestación va dirigida a la persona que pregunta y por tanto no es para ti ni tampoco para nadie más. Y lo segundo es que he respondido de acuerdo con la realidad y no con las apariencias. En el primer caso se trataba de un hombre en el que mora la divinidad pero que ahora vive un momento de oscuridad y duda, por eso he querido apoyarlo. El segundo caso se trataba de una mujer beata apegada a las formas externas de la religión que ha descuidado a su familia por atender el templo, y por ese motivo es bueno que aprenda a encontrar a Dios entre los suyos. El tercer caso se trataba sólo de alguien que ha venido a verme por curiosidad y sencillamente ha improvisado esa pregunta como podía haber hecho cualquier otra.


 "Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas"
MARIO BENEDETTI

domingo, 28 de abril de 2013

UNA IMAGEN...

... VALE MÁS QUE MIL PALABRAS.

Pero al mismo tiempo, hay palabras que no tienen precio:

"ESPERANZA"












Charles Blake

GRACIAS!!!!!

 Mi más sincero agradecimiento a una nueva compañera de viajes, Cari. Es un placer recibir tu regalo y más aún, desde este pequeño y humilde rincón de libros y reflexiones.
Mi estimada bibliotecaria, autora del precioso blog "Historias de papel ... y más", ha tenido a bien premiar a Tinta y piel junto a otros nueve Blogs con la condición de responder a una breve entrevista que permita darnos a conocer,  algo más si cabe, a todos los que tienen el gusto de leernos.
Recomiendo que todo aquel o aquella que desee visitar sus páginas, no se sentirá para nada defraudado. Contiene información esencial para todos aquellos amantes de los libros.
Ahí van mis respuestas:

1. ¿Por qué razón empezaste a escribir tu Blog?
Reconozco que  llevaba bastante tiempo con la idea rondando sobre mi cabeza. Soy un mal llamado "devorador de libros", un gran aficionado a las letras y un escritor de historias que siempre quedaron guardadas en un cajón. Cuando visité más de cien blogs de poesías y literatura, me armé de valor y decidí compartir mis sueños con todo aquel o aquella que tuviera mis mismos gustos y aficiones. Eso me ha permitido conocer gente fantástica.
 2. ¿Qué lugar te gustaría conocer? 
Siento gran atracción por Oriente, cuna de mil historias y portadora de una cultura y filosofía milenaria muy diferente a la nuestra. Me considero un "ser curioso de la vida", por encima de todas las cosas; y visitar la India, Japón o China, cumpliría con creces todas mis ilusiones. ¡'Lástima que no pueda viajar todo lo que deseo!... Algún día será, digo yo.
3. Si tuvieras un poder, ¿cuál sería?
Uff! difícil pregunta y más aún la respuesta. Imagino que si pudiera hacerlo, "humanizaría" a una sociedad que más que avanzar, retrocede a grandes pasos. Siempre he creido en el ser humano y lo que es capaz de conseguir a lo largo de la historia, aunque muchos otros se empeñen en llevar la contraria con sus acciones y pensamientos. La Humanidad tiene mucho que aportar al resto de sus semejantes, y para ello debiera aprender desde pequeñitos, que este mundo es algo maravilloso, un regalo con tiempo de caducidad. Tan solo hace falta voluntad de cambiar lo inútil y perjudicial por los valores universales que tantos y tantos se han esforzado por inculcar. Existe un mundo mejor. Únicamente hay que trabajarlo. ¿Imposible? Quien sabe... yo desde aquí lo intentaré con el "poder" de la palabra. No pienso rendirme.
4. ¿Vainilla o chocolate?
Dos sabores dulces por igual. Si tuviera que elegir... me quedaría con el segundo. ¡Dios, qué placer saborear las mil formas de un buen chocolate!
5. ¿Qué música es ideal para un viaje por carretera?
Difícil contestación, hace mucho que no hago largos viajes. Pero tengo un grave problema o una gran virtud, según se mire: me encanta la música en todas sus facetas. Todo depende del estado de ánimo, de la compañía del viaje o del destino y motivo de éste. Puedo pasar de un concierto para flauta o piano de Mozart, una balada romántica y hasta un directo de Gun´s and Roses o Queen. Música española, pop o incluso algo de tecno también me hacen tilín. ¡Soy muy raro!
 6. Cuando me levanto lo primero que pienso es…
¡Cuántas cosas tengo que hacer...
7. Una ilusión...
La más inmediata es la de que salga ya a la luz mi primera novela juvenil. Queda poquito...
7. Un temor...
La enfermedad en mis seres queridos, el futuro de mis hijos...
9. ¿Algún proyecto pendiente?
¡Muchos! siempre tengo proyectos pendientes, más de lo que realmente pueda hacer. No paro de darle vueltas a mi cabecita loca...
10. ¿Cuál es tu película favorita?
Muchas... Me pasa como con la música. Cuando veo la última digo: ¡Ésta es una de mis películas favoritas! Pero si tengo que mojarme, tengo muy buenos recuerdos de "Sonrisas y lágrimas", la trilogía del Señor de los Anillos, Bailando con lobos o unas cuantas comedias románticas que prefiero no nombrar para que no se me acuse de "cursi" jajajaja.
11. Di algo sobre tí.
Coincido con mi predecesora Cari, soy Tauro para lo bueno y lo malo. Hombre convencido, de firmes principios, pasional en todo lo que hago, cabezota hasta cotas insospechadas, familiar, amante de la enseñanza y de los niños (nuestro futuro siempre inmediato), algo huraño, fanático dela lectura, amante de mi intimidad y de mi tiempo entre papeles, fanático del amor hacia los animales y las plantas, deseoso de vivir en paz y armonía. ¿Algo más podría añadir?

CHARLES BLAKE

BÓVEDAS DE ACERO

Pido encarecidas disculpas a aquellos/as que gustáis de visitar mis páginas por la tardanza en publicar nuevas entradas, pero las obligaciones en el trabajo (algo privilegiado para muchos hoy día en mi país), la familia, una efervescente fase creativa en mis escritos, así como las lecturas pendientes de varios libros, me han impedido cumplir como debiera.
No por ello y basándome en esta última cuestión, aprovecharé la ocasión de presentaros a un autor del que hacía tiempo debí hacer mención. Hoy mismo, he terminado de leer "Bóvedas de acero", una novela policíaca obra de un autor consagrado como es Isaac Asimov.
Para aquellos que sólo hayáis escuchado su nombre de pasada y no hayáis tenido la oportunidad de conocer su extensa obra, os diré que hablamos de uno de los grandes maestros de la literatura de Ciencia Ficción. Resulta evidente que estamos hablando de un género no del gusto de muchos lectores, pero es obligado decir como defensa de este escritor de origen soviético pero criado en EEUU, que su espectro literario  no se limita a la ciencia-ficción, siendo quizá uno de los divulgadores científicos más amenos que se puedan leer y su INTRODUCCION A LA CIENCIA uno de los volúmenes más recomendables para adquirir una mínima pátina al respecto. De hecho y como curiosidad al respecto, es de los pocos auores que pueden presumir de haber publicado en 9 de las diez categorías de la famosa clasificación Decimal de Dewey  (método de clasificación de bibliotecas creado por Melvil Dewey), como son: Religión-Teología, Ciencias sociales o Políticas, Lenguaje y Lingüística, Ciencias puras, Ciencias aplicadas, Bellas artes, juegos y desportes, Literatura y Geografía e Historia.
Estamos sin duda ante un escritor polifacético y de gran nivel académico muy similar a los personajes del Renacimiento. Bioquímico e investigador, empezó a escribir novelas de ciencia ficción a la corta edad de nueve años. Humanista convencido, escribió sus primeras novelas estudiando las consecuencias de una futura evolución tecnológica donde la robótica ocuparía un papel primordial en las vidas de los humanos.
Son famosas las tres leyes de robótica creadas por éste y que aparecen en casi todos sus libros:
  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.
Cuando leí su novela, Bóvedas de Acero, descubrí que el autor nos describe una Tierra muy cambiada a la que nos imaginamos (Siglo 47). Los habitantes del planeta Tierra viven en unas urbes llamadas Ciudades (nada que ver con las ciudades que tenemos actualmente) y estas, a su vez, están cubiertas por una bóveda que las protege de lo que denominan “el Exterior“. Por lo visto, esta bóveda protege a los humanos de los rayos solares y mantiene un clima constante, ya que se controla tanto la temperatura como la humedad. Existen planetas colonizados donde los "emigrados" conviven con máquinas de forma eficiente. Eso no quita que produzca cierto recelo entre una civilización terrestre masificada y preocupada por la optimización de los recursos naturales, que no ve con buenos ojos que ciertos robots asuman el trabajo de un hombre o que incluso estén creados casi a imagen y semejanza de los humanos (humanoides).
Me encantó la perspectiva de Asimov (muy frecuente en toda su obra) de comparar la inteligencia humana con otra artificial que en muchos casos pudiera incluso mejorarla creando vínculos a veces más allá de lo imaginable. Los prejuicios hacia los avances tecnólogicos, cuando nuestra sociedad se contradice una y otra vez al convivir  en constante evolución con la era de las comunicaciones, forman parte de un relato policiaco donde el protagonista, un policía de Nueva York, deberá esclarecer el caso con la inestimable ayuda de R. Daniel, un robot diseñado con caracteristicas increíblemente humanas que está creado para investigar las conductas racionales o irracionales de los terrestres.
Evidentemente, Eliah Baley, el detective, se encontrará con mil problemas para esclarecer el asesinato de un eminente científico, y deberá enfrentarse a sus miedos y temores, a su escala moral y a una forzdaa convivencia con respecto a una máquina que le provoca animadversión aún siendo designada como "compañera de trabajo". Los vínculos relacionales entre ellos, la evolución de la especie, los grupos clandestinos en contra de la robótica, los intereses creados por cargos de relevancia y las emociones que sugiere la trama en cada personaje, convierten a la novela en una obra ideal para aquellos que quieran iniciarse en el género de ciencia ficción.
Os dejo un pequeño fragmento de la obra:

Oyeron el zumbido creciente de los potentes generadores ocultos en el túnel
central de la planta. Notaron también la débil acritud del ozono en la atmósfera y la
amenaza sombría y silenciosa de las líneas rojas que señalaban los linderos allende los
cuales nadie podía aventurarse sin estar provisto de vestiduras protectoras.
Le ordenó a R. Daneel con disgusto repentino:
—No te acerques a esas líneas rojas. —Luego se corrigió mentalmente,
añadiendo con timidez—: Aunque supongo que a ti no te afectará.
—¿Es algo de radiactividad? —indagó Daneel.
—Sí.
—Entonces sí me afecta. Las radiaciones gamma destruyen el delicado equilibrio
de un cerebro positrónico. A mí me perjudicarían con mayor prontitud que a ti.
—¿Te matarían?
—Sería preciso dotarme con un nuevo cerebro positrónico* Como dos cerebros
no pueden construirse idénticos, yo sería un nuevo individuo. El Daneel a quien ahora
le diriges la palabra estaría muerto.
Baley le lanzó una mirada de duda encubierta.
—Nunca lo había sabido... Subamos por este declive.
—No se hace hincapié en el punto. Los espacianos desean convencer a los
terrícolas de la enorme utilidad de aparatos como yo, no de nuestras debilidades.
—Entonces, ¿por qué confesármelo?
R. Daneel le clavó una mirada preñada de compasión humana.
—Tú eres mi socio, Elijah. Debes conocer mis debilidades y mis tropiezos.
—Vayamos ahora por aquí —indicó Baley—. Es el camino de nuestro
apartamento.


Os sugiero que no perdáis la oportunidad de conocer a un autor que os hará reflexionar con un lenguaje directo y fácil a los pilares básicos de nuestra Humanidad, con sus logros y errores, como no podría ser de otra manera.

CHARLES BLAKE

    sábado, 13 de abril de 2013

    ¿TE LO PRESTO?

    Hace ya unos años, cuando todavía podía permitirme comprar uno o dos libros de oferta por semana (Ay, qué tiempos!!), una compañera de trabajo de ese mismo año me pidió que le dejara un libro para uno de sus hijos mayores que por entonces estudiaba Derecho. El ejemplar en cuestión no era otro que "El Príncipe" de Maquiavelo; y muy premonitorio para lo acontecido después.
    Pasaron los meses y no tuve más noticias del libro. Tal y como mi padre me enseñó, un libro debe regalarse pero nunca prestarse, y si así fuera el caso, la culpa de tal pérdida solo debe recaer en el que se atreve a "dejarlo". Sus palabras no terminaron de convencerme del todo. ¿Por qué debía uno rendirse así, sin más, y no recuperar al menos su dignidad?
     Al año siguiente, coincidí con la señora y su consorte en un restaurante de mi ciudad y no pude reprimir los deseos de acercarme a saludar.
    Tras unos: ¿cómo estás? ¡Qué bien te veo! de cortesía, introduje el tema como quien no quiere la cosa, sin darle mayor importancia:
    ¿Recuerdas el libro que te presté para tu hijo mayor?
    ¿Cómo? ¿de cuál me hablas?
    Sí mujer, ¿No recuerdas? "El Príncipe". Imaginaba que podías haberlo olvidado. De otro modo, ya me habrías dicho algo...
    Con aquellas diplomáticas palabras, el marido de la señora no pudo menos que intervenir. Era un hombre educado y correcto con tan solo ver como se expresaba:
    Mujer, es cierto que el "niño" hizo un trabajo para la universidad el año pasado sobre Maquiavelo. Ahora mismo voy para la casa y lo traigo de vuelta a su dueño.
    Un cosquilleo de satisfacción corría por mi cuerpo al tiempo que una mal disimulada zozobra agitaba las mejillas de mi ex compañera de trabajo.
    ¡Por favor!, dije con falsedad, no es molestia apresurarse. Quedamos otro día y el problema queda solucionado.
    No faltaría más. Bastante demora se ha producido como apara alargarlo más emn el tiempo.

    Ni una palabra más. A la hora de nuestra breve conversación, el pobre hombre, sin la compañía de su mujer, acudía al lugar para devolverme el ejemplar.
    El camino de vuelta a mi casa lo hice con la satisfacción del que gana una batalla que se daba por perdida de antemano. Lo primero que haría sería llamar a mi padre y recordarle melodramáticamente que nada debe darse por perdido sin haber ofrecido antes resistencia.
    Recuerdo que me dejé caer en el sofá con el todavía regusto de mi atrevimiento y sin compadecerme del más que probable disgusto de una mujer que debió pasar más vergüenza que alborozo por el reencuentro con un compañero.
    El libro reposaba sobre la mesita del salón. Sus tapas lucían el mismo brillo de cuando lo compré. El instinto me hizo volver a dejarlo entre mis manos. Abrí sus hojas y..... ¡Demonios! Cada una de las páginas aparecía con fragmentos subrayados de un lápiz rojo que bien podía haberse utilizado como barra de labios. No había ni un solo tramo, donde el imberbe muchacho no hubiera dejado su impronta.
    Es evidente que la llamada la dejé para mejores épocas, pero aquello sí me enseñó la lección de que a veces aunque puedas recuperar un libro, no siempre será con el mismo precio. Eso incluso podríamos extrapolarlo a otras cuestiones de nuestra vida y a más de uno/a le habrá pasado con una prenda de vestir, una película o un cd de música. Desde entonces, procuro no dejar un libro a nadie de mi confianza y cuando ocurre rara vez, me encargo de dejar muy claro que el libro ¡Ya tiene dueño!.
    Este absurdo relato es totalmente verídico y viene a colación de la anécdota que he escogido para hoy.
    Ya desde la Edad Media ocurrían este tipo de situaciones. La única diferencia estribaba en que los monasterios y templos del saber eran los encargados de "guardar" sus joyas entre paredes. Eso no era motivo para que los mismos sacerdotes y personajes del clero se dejaran tentar por lo ajeno.
    Incluso en el año 1568, el Papa Pío V formuló un decreto para amenazar de sus actos a aquellos que incurrieran en tal delito. Desde entonces, Bibliotecas y lugares de culto ofrecían sus advertencias a la vista del visitante de rigor.
    Sin ir más lejos, existe una inscripción en el Monasterio de San Pedro, en Barcelona, que no deja lugar a dudas:
    “Para aquel que robara, cogiera prestado o no retornara un libro a su legítimo propietario, que se transforme en una serpiente en su mano y se la desgarre. Que quede paralizado o todos sus miembros malditos. Que sufra el dolor pidiendo en voz alta clemencia, y que no se le permita recuperarse de su agonía hasta que se descomponga. Permítase a los gusanos de los libros que roan sus entrañas… y cuando vaya a alcanzar su castigo final, permítase que se consuma eternamente en las llamas del infierno”.

    No hubiera estado de más haber incluido tales palabras en mi famoso libro "rotulado", pero siempre consideré que la Iglesia se extralimitaba en mucha ocasiones a la hora de imponer sus códigos morales, y sería muy probable que el muchacho hubiera tenido pesadillas nocturnas durante su periodo universitario en caso de perder el ejemplar.
    En fin, no sé que pensareis del asunto, pero por si acaso, mirad siempre dentro de un libro prestado y asumid las consecuencias en caso de pérdida, robo o deterioro (jejejeje).




    CHARLES BLAKE

    MIEDO ME DA


    Me he permitido la licencia de extraer de esta página web de entretenimientos y otros pasatiempos, algo que ni por asomo me hizo reir (aunque probablemente fuera esa la intención). La viñeta, bastante creíble por otra parte, me dio mucho que pensar...
    Os diré tal y como hicimos todos alguna vez cuando éramos pequeños y acudíamos a nuestra mamá por una horrible pesadilla nocturna: ¡¡¡¡Por favor, dime que no ocurrirá!!!!

    DEBEMOS...

    ¿Empezamos?
    CHARLES BLAKE

    viernes, 12 de abril de 2013

    SAMARKANDA



    Hoy, en una de mis escogidas leyendas, me gustaría tratar un tema muy estrechamente ligado a la literatura de todas las épocas, ya sea como eje fundamental de una obra  o como trasfondo de ésta. No es otro que el de la MUERTE.
    El ser humano, consciente de sus limitaciones, siempre se ha sentido atraído por ella dándole si cabe, la misma transcendencia que la de la propia vida. Ya desde la antigüedad, muchos filósofos griegos escribieron sobre ella. En la Edad Media, Dante hizo clara mención de ésta en su Divina Comedia, creando casi un tratado en toda regla de su representación y significado. En nuestro país, autores de la talla de Quevedo, Jorge Manrique o el mismísimo García Lorca, entre otros, tocaron tan delicado tema. En Inglaterra, Shakespeare llegó a jugar en alguna obra  con la figura eterna de la dama de negro y mucho más recientemente, Pablo Neruda llegó a profundizar en la inquietud humana del fin de la existencia.
    Si traspasásemos nuestras fronteras, descubriríamos que desde el instante mismo de la creación, el hombre oriental también se mostró interesado en la figura de la muerte. Todas y cada una de las diferentes culturas han creado un mundo de simbolismo y significación a algo tan cercano a nuestras vidas como es la propia consumación de ésta así como la fragilidad del hombre ante su destino.
    Tomando en consideración las palabras de Miguel Díez, “las versiones más antiguas del viejo y célebre apólogo “El gesto de la muerte” se remontan a la literatura judeo-talmúdica del siglo VI y a la tradición musulmana sufí de los siglos IX al XIII. A partir de un texto muy resumido, inserto en una novela (1923) del escritor francés Jean Cocteau, alcanzó una gran difusión pues fue recogido en poemas y obras dramáticas y narrativas. La vieja historia de la Muerte, tan sorprendente y efectiva en su brevedad, también sirvió de germen de múltiples recreaciones literarias que conforman otras historias diferentes con distintos finales”.
    Por esta razón me gustaría dejaros una muestra del conocido relato de “la muerte en Samarkanda”,  de origen persa y del que tantas versiones surgieron después:



    Una mañana, el califa de una gran ciudad, hombre de gran sabiduría y bondad,  comprobó que su primer visir se presentaba ante él en un estado de gran agitación. Asombrado por su poco acostumbrada actitud, le preguntó por la razón de aquella aparente inquietud y el visir le dijo:
    - Te lo suplico, deja que me vaya de la ciudad hoy mismo.
    - ¿Por qué?
    - Esta mañana, al cruzar la plaza para venir a palacio, he notado que alguien golpeaba ligeramente  en el hombro. Me he vuelto y he visto a la muerte mirándome fijamente.
    - ¿La muerte?
    - Sí, la muerte. La he reconocido, toda vestida de negro con un chal rojo. Allí estaba, y me miraba para asustarme. Porque me busca, estoy seguro. Deja que me vaya de la ciudad ahora mismo. Cogeré mi mejor caballo y es probable que esta misma noche pueda llegar a Samarkanda.
    - ¿De veras crees que era la muerte? ¿Tan seguro estás?
    - Totalmente, mi señor. La he visto como puedo verte a ti. Tan seguro de que eres tú y tan cierto de que era ella. Deja que me vaya, te lo ruego.
    El califa, que sentía un gran afecto por su visir, lo dejó partir. El hombre regresó a su morada, ensilló el mejor de sus caballos y, en dirección a Samarkanda, atravesó al galope una de las puertas de la ciudad.

    Un instante más tarde el califa, a quien atormentaba un pensamiento secreto, decidió disfrazarse, como hacía a veces, y salir de su palacio. Sin compañía de sirvientes, se dirigió hasta la gran plaza, rodeado por los ruidos del mercado, buscó a la muerte con la mirada y la  reconoció. El visir no se había equivocado lo más mínimo. Ciertamente era la muerte, alta y delgada, vestida de negro, el rostro medio cubierto por un chal rojo de algodón. Iba por el mercado de grupo en grupo sin que nadie se fijase en ella, rozando con el dedo el hombro de un hombre que preparaba su puesto, tocando el brazo de una mujer cargada de menta, esquivando a un niño que corría hacia ella.

    El califa se dirigió hacia la muerte. Está, a pesar del disfraz, lo reconoció al instante y se inclinó en señal de respeto.
    - Tengo que hacerte una pregunta -le dijo el califa en voz baja.
    - Te escucho.
    - Mi primer visir es todavía un hombre joven, saludable, eficaz y probablemente honrado. Entonces, ¿por qué esta mañana cuando él venía a palacio, lo has tocado y asustado? ¿Por qué lo has mirado con aire de amenaza?
    La muerte pareció ligeramente sorprendida y contestó al califa:
    - No quería asustarlo. Ni siquiera lo he mirado con aire amenazante. Sencillamente, cuando por casualidad hemos chocado y lo he reconocido, no he podido ocultar mi sorpresa, que él ha debido tomar como una amenaza.
    - ¿Por qué sorpresa? -preguntó el califa.
    - Porque -contestó la muerte pausadamente- no esperaba verlo aquí. Tengo una cita con él esta noche: en Samarkanda.

    "Incierto es el lugar donde te espera la muerte, espérala pues, en todo lugar..."
    Séneca.

    CHARLES BLAKE


    jueves, 4 de abril de 2013

    TU Y YO



    En esta ocasión me he permitido escoger un poema de Rubén Darío (1867-1916), poeta nicaragüense considerado por muchos como el  máximo representante del modernismo literario en lengua española.
    El llamado “Príncipe de las Letras” es posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico.
    Su poesía, de marcado carácter erudito, destacó desde sus comienzos por la musicalidad y sonoridad que imprimía en cada verso. Darío fue uno de los grandes renovadores del lenguaje poético imperante de la época y un incansable buscador de la belleza. Su espíritu inquieto e inconformista le hace encontrarla  oculta en la misma realidad que nos rodea. Para ello, hará uso de la metáfora y el símbolo como herramientas principales de su creación.
    A continuación os dejo con uno de mis poemas preferidos.  Si observan la estructura métrica utilizada, comprobarán que se trata de una composición típica del romanticismo, cuyo precursor fue ni más ni menos que Victor Hugo. Está formada por estrofas que van, gradualmente, aumentando o disminuyendo el número de sílabas que componen sus versos.
    En este caso la progresión es ascendente, tomando su punto álgido a mitad de la segunda parte para terminar nuevamente y como colofón, en la mínima expresión de la palabra, el monosílabo “yo”. Espero que os guste:

    TU Y YO:
    I

    Yo vi un ave
    que süave
    sus cantares
    entonó
    y voló...

    Y a lo lejos,
    los reflejos
    de la luna en alta cumbre
    que, argentando las espumas
    bañaba de luz sus plumas
    de tisú...
    ¡y eras tú!

    Y vi un alma
    que, sin calma,
    sus amores
    cantaba en tristes rumores;
    y su ser
    conmover
    a las rocas parecía;
    miró la azul lejanía...
    tendió la vista anhelante,
    suspiró, y cantando amante
    prosiguió...
    ¡y era
    yo!

    II

    ¿Viste
    triste
    sol?

    Tan triste
    como él,
    ¡sufro
    mucho
    yo!

    Yo en una
    doncella
    mi estrella
    miré...
    Y dile,
    amante,
    constante
    fe.

    Pero ingrata
    olvidóme,
    y no sabe
    que padezco
    cual no puede
    nunca, nunca
    comprender...
    ¡Que mi pecho
    no suspira,
    ni mi lira
    tiene acordes
    de placer!

    Yo vi en la noche
    plácida luna
    que en la laguna
    se retrató;
    y vi una nube,
    que allá en el cielo,
    con denso velo
    la obscureció.

    Yo vi a la aurora,
    bañada en rosa,
    dorar la hermosa
    faz de la mar...
    Y vi los rayos
    de un sol ardiente
    que rudamente
    borraron luego,
    con rojo fuego,
    su bella faz...

    Así vi que bella
    naciera en un día,
    con dulce alegría,
    la aurora luciente
    de un plácido amor;

    ¡mas hoy yo contemplo,
    no más en mi vida,
    de negro vestida,
    la estatua tremenda
    de amargo dolor!

    ¡Hoy sólo me complace
    oír la queja amarga,
    que al cielo envía tierna
    la tórtola del monte
    con moribundo son!
    Sentir cómo susurra
    la brisa entre las hojas...
    ¡Mirar el arroyuelo
    que al eco de la selva
    confunde su rumor!
    Canto cuando las estrellas
    esparcen su claridad:
    cuando argentan las espumas;
    ¡las espumas de la mar!
    Canto cuando el ancho río
    murmurando triste va...
    Cuando el ruiseñor encanta
    ¡con su arpegio celestial!

    Y al ronco mugir de las olas;
    la noche con su lobreguez;
    y el trueno que silva en los aires,
    ¡me encanta y embriaga a la vez!
    Me place lo triste y lo alegre;
    me gusta la selva y el mar,
    y a todos saludo contento...
    ¡Y algunos se ríen al verme!...
    Y, a veces, ¡me pongo a llorar!

    Yo adoré a una mujer con el fuego
    de mi joven y audaz corazón:
    mas ya he dicho que aquélla olvidóme,
    y que vivo en tremendo dolor.
    ¿Estoy loco? No sé: lo que siento,
    no lo puedo jamás explicar.
    Es un rudo y feroce tormento...
    Nada más; nada más... ¡nada más!

    ¿Qué soy? ¡Gota de agua desprendida
    del raudal turbulento de la vida!
    Soy... algo doloroso cual lamento...
    Arista débil que arrebata el viento!
    Soy ave de los bosques solitaria!...
    Deshojada y marchita pasionaria!...
    Pasionaria, ave, arista, llanto, espuma...
    ¡perdido de este mundo entre la bruma!

    ¡Felices aquellos que nunca han amado!
    ¡Felices!... ¡Felices que no han apurado
    el cáliz terrible de un fiero dolor!

    Y ¿qué es el amor?
    ¿Amor?... Germen fecundo de la dolencia humana...
    Origen venturoro de sin igual placer...
    con algo de la tarde y algo de la mañana...
    ¡Con algo de la dicha y algo del padecer!

    ¿No veis a la luna, que brilla fulgente en el cielo?
    ¿No oís del arroyo el süave y callado rumor?
    ¡Pues eso que brinda la luna tranquila, es consuelo!
    ¡Pues eso que dice el arroyo en el bosque, es amor!

    ¡Y amé! Tal vez mi vida no fuera dolorosa
    si hubiera conservado por siempre mi niñez,
    si nunca hubiera visto los ojos de una hermosa,
    lo rojo de sus labios, lo blanco de su tez!

    ¡Felices aquellos que nunca han amado!
    ¡Felices!... ¡Felices que no han apurado
    el cáliz terrible de un fiero dolor!

    ¡Qué amargo es el amor!
    ¡Qué amargo es el amor! ¡Así exclamando,
    yo cruzaré el desierto de mi vida,
    mostrando a todos mi profunda herida,
    que lágrimas y sangre está manando!

    Y al compás de canciones sombrías,
    cantaré de mi amor la memoria...
    Y sin gloria,
    llorando siempre, pasaré mis días
    ¡entre polvo, entre lodo, entre escoria!

    Y al ronco mugir de las olas;
    la noche con su lobreguez;
    y el trueno que silva en los aires,
    serán mi tormento también.
    Me place lo triste y lo alegre:
    me gusta la selva y el mar...
    Yo siempre estaréme contento;
    y algunos, reirán al mirarme,
    ¡y a veces, pondréme a llorar!

    Cantaré si el ancho río
    murmurando triste va;
    si el ruiseñor me encantare
    con su arpegio celestial;
    cuando mire a las estrellas
    esparcir su claridad
    sobre las peñas negruzcas
    y las espumas del mar.
    ¿Por qué?... Porque sin amor,
    vuelan dolientes, sin calma,
    las avecillas del alma
    entre el viento del dolor.

    ¡Daré dulces canciones
    a los fugaces vientos,
    para que entre sus alas
    las lleven lejos, lejos,
    del mundo hasta el confín!
    Iréme a las montañas...
    iréme a los oteros...
    y allí tal vez, ¡Dios santo!,
    tal vez seré feliz.

    ¡Y en las alas del viento,
    oirá mis canciones
    la ingrata!... La ingrata
    a quien adoré.
    Aquélla que rióse
    de ver mi desgracia...
    Aquélla a quien dile
    mi amor y mi fe!

    ¡Triste es la noche!
    Triste es la selva...
    Y del arroyo
    lo es el rumor;
    pero es más triste
    que el arroyuelo
    y que la noche,
    mi corazón.

    Mis acentos,
    en los vientos
    cual lamentos
    moribundos
    sonarán,
    como el eco
    que en el hueco
    del árbol seco,
    tiernos forman
    los Favonios
    al pasar.

    ¡Aprendan
    los bardos
    mi historia
    de amor;
    y cántela
    todo
    el que es
    Trovador!

    ¿Viste
    triste
    sol?
    ¡Tan triste
    como él,
    sufro
    mucho
    yo!




    lunes, 1 de abril de 2013

    EL ANILLO



    Hace unos años, leí un antiguo cuento oriental. Buscaba y buscaba alguna historia que pudiera ser leída por mis alumnos con la intención de  que  llevara sus enseñanzas entrelazadas con cada palabra, cada renglón de sabios conocimientos. A día de hoy, suelo recurrir a ella con asiduidad para recordar a mis "chicos y chicas" la oportunidad que les ofrece la vida.
    La sabiduría oriental, tan aparentemente alejada de la realidad occidental, guarda sus "tesoros" para ser descubiertos por cualquier mortal que se anime a descubrirlos. La sencillez de sus planteamientos contrasta con la fuerza de sus verdades provocando un aprendizaje vital en quien los lee.
    Cuando esta historia cayó en mis manos no pude dejar de sonreir. La leí. Después la releí. Finalmente... la hice mía.
    La magia de los cuentos e historias es precisamente que son atemporales, que siempre tienen vigencia en la vertiginosa evolución del hombre hacia no se sabe bien dónde. Son faros guías que iluminan nuestros destinos y nos permiten recordar quienes somos o qué queremos hacer en nuestras vidas.
    Ruego que las siguientes líneas sean leídas con atención. Que quien las lea, respire por un instante bajo la piel de quien la protagoniza. Que una vez leída, sea vuelta a leer. Dejad que sus palabras llamen a vuestro corazón, que despierten al ser que llevais en vuestro interior. Si alguien que la conozca considera algún cambio a como la conocía, no tomarlo a mal. Simplemente me dejo llevar. Ya me conocéis.
    Disfrutadla:

    Ocurrió en un lejano país. Un día se presentó ante un anciano con fama de hombre sabio, un joven de aspecto angustiado y ojos entristecidos. Cuando llamó a su puerta, dijo de forma apresurada:
    - Maestro, perdone mi inoportunidad, pero estoy desesperado. Soy un miserable. No sirvo para nada. Me faltas fuerzas para emprender cualquier cosa que me proponga. Cuando  intento algo nuevo, me dejo vencer  por la dificultad. Pienso que en realidad no sirvo para nada. Mi vida es un verdadero fracaso. Ya nadie me escucha ni aprecia la buena intención de mis palabras. Me siento desfallecer. ¿Qué puedo hacer?. Usted es un hombre sabio. Estoy dispuesto a serviros en lo que estiméis oportuno a cambio de vuestra ayuda. Por favor, guíeme hacia una solución.

     El anciano se mesó su barba pausadamente. Lo miró brevemente y pensó su respuesta:
    - Es una lástima muchacho que no pueda ayudarte. Primero debería yo mismo de resolver mi propio problema.
    Se hizo un incómodo silencio en el portal de su casa. El chico miraba al suelo, el anciano miraba al vacío. Finalmente añadió:
    - Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver el asunto que tanto me preocupa.  Quizá tuviera tiempo para tí. Quizá entonces pudiera ayudarte.
    - De acuerdo maestro -contestaron unos ojos que volvían a brillar como antaño. Una amplia sonrisa acompañaba ahora al chico- ¿Qué puedo hacer por tí? 
    El sabio se miró los largos y delgados dedos de una mano. En el dedo meñique de su mano izquierda portaba un anillo de color gastado.
    - Este anillo debe ser vendido para pagar una deuda que me aqueja desde hace siete noches. Cógelo con cuidado y dirígete al mercado de la ciudad para venderlo por la mayor suma posible. Pero no olvides cuando llegues, que no deberás aceptar ninguna oferta que no supere al menos una moneda de oro. ¡Vete, vete cuanto antes y regresa lo más rápido que puedas! - añadió dando pequeños golpecitos en el hombro del muchacho.
    Salió corriendo en cuanto cogió el anillo y no tardó en llegar al bullicio de la ciudad. Lo ofrecía a unos y otros con la mejor de sus sonrisas. Recitaba palabras y cantaba versos con melodiosa voz para dirigirse a los transeúntes. Algunos llegaron a interesarse por el anillo, pero en cuanto les anunciaba el precio de semejante pieza, desestimaban la compra sin pensarlo dos veces. Muchos reían al escuchar la oferta; otros ni se dignaban  despedirse mientras se alejaban medio ofendidos.
    Tan solo un hombre de edad avanzada que estudió la mercancía  con detenimiento, propuso ofrecerle una moneda de plata y otra de cobre. Se molestó en explicarle al chico con cierta dulzura, que el precio de tal anillo era desorbitado para el valor real que poseía. El joven lo escuchó con educación, pero a sabiendas de las claras instrucciones que le fueron encomendadas, no pudo más que rechazar con un cortés saludo la oferta del buen hombre.
    Permaneció allí hasta caer la tarde, intentando una y otra vez la venta a todo aquel que se cruzara en su camino. Abatido una vez más por su fracaso, regresó a la morada del sabio. Su cabeza le decía una y otra vez: "Si pudiera ayudar al anciano.. si tuviera una moneda de oro... yo mismo se la daría al anciano sin pensarlo"
    La puerta le esperaba abierta. La casa permanecía en silencio. Cuando entró en la habitación del hombre sabio, susurró:
    - Lo siento noble maestro . No pude conseguir lo que me pediste. Podría haber traído dos o tres monedas de plata pero no sería digno de mí. No puedo engañar a nadie sobre el valor real del anillo.
    - Hermosas son tus palabras, lúcidos tus pensamientos, joven amigo -contestó alegremente el anciano- Es una verdad incontestable que lo primero que debíamos haber hecho es conocer el verdadero valor del anillo. Deberías acudir al joyero de la plaza y preguntar por su precio. ¿Quién mejor que éste para dar luz a nuestro problema?
    El chico lo escuchó con atención. Poco a poco brotaba nuevamente en él un hilo de esperanza ¡Podía ayudar al anciano!. Cuando estaba a punto de salir por la puerta, escuchó las últimas indicaciones del dueño del anillo:
    - ¡Espera, chiquillo! Quiero que recuerdes una sola cosa: No importa el dinero que te ofrezca por el anillo. ¡No quiero que se lo vendas! En cuento tengas su respuesta, vuelve de inmediato a mi casa.
    El muchacho  obedeció una vez más y dejó el anillo en las expertas manos del joyero. El hombre de mediana edad acarició el material. Al poco dirigió la luz de su lámpara al objeto para observar los detalles. Siguió examinándolo sin prisas, con ayuda de una enorme lupa. Pasó un paño por la superficie, vertió una gota de un líquido extraño en una de sus partes. Por último lo pesó. 
    Finalmente sentenció:
    - Bueno chico, dile a tu maestro que si desea venderlo ahora, no puedo darle más de 50 monedas por su anillo.
    Sorprendido y dubitativo, el joven respondió:
    - Pero... ¿Qué monedas?
    - ¡Hijo de Dios! ¿De qué van a ser?, pues de oro.   
    ¡50 monedas! El muchacho no daba crédito a sus palabras y mientras pensaba en el número de monedas, escuchó la voz del joyero por segunda vez:
    -   Verás, chico. Si dispusiéramos de tiempo, quizá podríamos sacarle unas 70 monedas, pero me dices que la venta es urgente y... no dispongo de más efectivo.
    No dio tiempo a más. El joven agarró el anillo y corrió veloz a la casa del maestro. Debía contarle lo sucedido en la joyería.
    El anciano lo esperaba pacientemente en el suelo de su salón.
    - Siéntate, mi joven amigo. Te noto acelerado....
    El sabio lo escuchó sin interrumpir ningún momento. Dejó que las explicaciones de su joven discípulo, corrieran por su boca como un arroyo en primavera.
    Cuando hubo terminado, entonces se dirigió a este con estas sabias palabras:

    - Yo diría que tú eres muy parecido al anillo que tuviste entre tus manos. Una joya única, diferente y valiosa; y como tal, solo podrá evaluarte un verdadero experto.
    Volvió a colocarse el anillo en su dedo y continuó:
    - ¿Pensabas que cualquiera podría descubrir su valor? Muchacho, vivimos en un mundo en el que es fácil ser juzgado. No creas nunca al pie de la letra en lo que puedan decir sobre tí; ni bueno ni malo. Sólo cree en lo que puedes hacer, cree en lo que puedes ser... cree en TÍ. Lo demás... vendrá por sí solo y las personas te verán como tú mismo quieres que te vean.



    CHARLES BLAKE